jueves, 24 de marzo de 2011

La búsqueda de la verdad y la Justicia que inspiró nuestra acción (Raúl Ricardo Alfonsín)


La búsqueda de la verdad y la Justicia que inspiró nuestra acción estuvo definida por las siguientes premisas:



1) La violencia que tiño de sangre la década de los años ´70 fue potenciada por un terrorismo de izquierda que, con una visión elitista de la transformación social, no reparó en cometer los más aberrantes delitos en persecución de un programa acción demencial.

2) El combate armado a ese terrorismo de izquierda con el uso de fuerza proporcional a la amenaza inminente estaba moral y jurídicamente justificado, pero no lo estaban de ningún modo el secuestro, la tortura y el asesinato clandestinos. En ningún caso se justificaba acudir a la misma metodología del terrorismo para combatirlo. En definitiva, eran los principios que se alegaba defender los que resultaban vencidos a través de ese accionar.

3) Los actos más atroces cometidos por uno y otro tipo de terrorismo debían ser juzgados por una Justicia independiente y, si así ella lo decidía, penados, no tanto con fines de retribución sino con el objetivo preventivo de que nunca más grupos de individuos con acceso a las armas supusieran que estaban por encima de la ley y pudieran decidir impunemente sobre la vida y la muerte, la integridad física, psíquica y moral de sus semejantes.

4) Como ya lo señalé, ese objetivo debía cumplirse sin arriesgar la estabilidad de las instituciones democráticas, que es la mejor garantía contra la recurrencia de episodios análogos. Ello requería tanto una limitación del tiempo de los procesos como del universo de responsables.

Queda claro, entonces, que todas las iniciativas dirigidas tanto a promover como a limitar los procesamientos y las responsabilidades estuvieron determinadas por los objetivos enunciados de prevenir la repetición de episodios atroces en la medida necesaria para no poner al mismo tiempo en peligro la estabilidad del marco institucional.

Aquellos que critican nuestras iniciativas para limitar el juzgamiento y eventual condena a los responsables adoptan una concepción absolutamente retributiva de la pena, según la cual es un deber moral penar todo delito y, si no se lo hace, se comete una injusticia tal que no puede ser compensada por ningún otro beneficio social.

Para quienes, por el contrario, sostenemos que esta concepción de la pena es difícil de justificar desde un punto de vista racional: las prácticas punitivas se justifican moralmente en tanto y en cuanto sean eficaces para prevenir que la sociedad sufra males mayores.

Nuestro sentido común parece apoyar posiciones que tengan tanto en cuenta la vinculación entre el hecho criminal en sí mismo cometido por el agente con discernimiento y voluntad y el merecimiento de la pena, por un lado, así como las consecuencias sociales de aplicar esa pena, por el otro.

Sería irracional imponer un castigo cuando las consecuencias de esa imposición, lejos de prevenir futuros delitos, podrían promoverlos o causar perjuicios sociales mayores que los que ha causado el propio delito o su no punición.

La pena es en última instancia un instrumento, no el único ni el más importante, de formación de la conciencia moral colectiva.

Tanto la revelación de la verdad por medios fidedignos, como lo es un proceso judicial imparcial, como la condena moral sirven, al igual que la imposición de penas, para que se internalice a través de la reflexión pública cuáles son los límites de las conductas que la sociedad está dispuesta a aceptar. Por supuesto que para ello las leyes que prevén las penas a aplicar deben ser legítimas y no parece haber otra fuente de legitimidad que la que surge de la discusión y decisión democráticas, que aseguran la imparcialidad determinada por la consideración igualitaria de todos los intereses y opiniones en conflicto.

Otro punto de vista, consiste en sostener que, dado que la responsabilidad por este tipo de hechos está tan extendida, ya que comprende no sólo a los miembros de los grupos terroristas sino también a toda la sociedad que incitó, encubrió o simplemente silenció los hechos en cuestión, ella finalmente se diluye. Aunque es obvio que no todos fueron responsables, y aun entre quienes sí lo fueron, existen distintos grados de responsabilidad.

Pero las teorías no meramente retributivas de la justificación de la pena admiten que se renuncie a penar a responsables de acuerdo a consideraciones como las consecuencias para la sociedad. Es importante señalar que esa renuncia no se hace en reconocimiento del presunto derecho de la persona beneficiada por ella, y en consecuencia no hay una exigencia de igualdad de extender a todos quienes se encuentran en la misma situación.

Las medidas adoptadas tanto para permitir, impulsar y circunscribir el juzgamiento y eventual condena de las aberrantes violaciones a los derechos humanos no estuvieron inspiradas ni por un resentimiento o espíritu de venganza ni por un juicio complaciente, sino por el firme propósito de afianzar la vigencia de los principios éticos que constituyen el fundamento del Estado de Derecho y del sistema democrático.



Extraído del capítulo “derechos humanos” del libro “Democracia y Consenso” de Raúl Alfonsín, marzo de 1996. Trascripción Correligionario Merlo.

Acerca de la Violencia - (Sergio Karakachoff)


"El propio Presidente de la Nación sostuvo hace pocos días en Puerto Iguazú, en el confín de la República, que en Argentina rigen plenamente los Derechos Humanos, denunció también una campaña de difamación contra nuestro país en el exterior.

Cabe frente a esto preguntarse: ¿Quiénes difaman? ¿Los que matan o los que denuncian las muertes?

La preocupación del General Videla es loable, pero requeriría un mayor empeño –y no decimos que no lo haya, pero es obviamente insuficiente- para aprehender a los culpables del desprestigio internacional del país y de la conculcación evidente de los Derechos Humanos.

La necesidad de frenar el deterioro de la confianza ciudadana mediante una firme conducción, que devuelva al Estado la plenitud de los atributos que lo caracterizan, ha sido reiterada desde diversos medios de opinión. Y ninguno de ellos puede siquiera ser sospechado de concomitancia política o ideológica con la otra forma de terrorismo.

Esta coincidencia de criterios surge de la atenta lectura de sendos discursos del Presidente, 30 de marzo ("sólo el Estado habrá de monopolizar el uso de la fuerza"); del comandante de Aeronáutica, Brigadier Agosti ("que el monopolio de la fuerza sea ejercido por el Estado y puesto al servicio de los intereses permanentes de la Nación") y –en definitiva- del jefe supremo de la Marina de Guerra, que en posterior declaración hizo suyos los conceptos del titular de la Aeronáutica.

Todos de acuerdo en los conceptos. Falta que las acciones se encaminen a la concreción de los mismos. Es el clamor popular. Es la única salida. Caso contrario nadie tiene derecho a quejarse de pretendidas campañas difamatorias.

Por otra parte, la falta de difusión de diversos hechos –y los nombres que no se han dado de los muertos de Pilar son unas entre tantas omisiones- pone una sombra de dudas sobre el real propósito del gobierno de terminar con esta lacra. ¿Por qué no se publican estos datos?

¿A quién se beneficia con el silencio? Sería bueno que el Presidente de la Nación dedicara aunque más no fuera, breves conceptos a responder estas acuciantes preguntas. Los ex legisladores de la UCR han aparecido. En un confuso episodio se los rescata por parte del Gobierno, de manos de delincuentes a los doctores Solari Yrigoyen y Amaya. Y como corolario de este lamentable episodio, ambos son arrestados y puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

¿Quién los tuvo? ¿Para qué los tiene ahora? ¿No los rescataron de manos de delincuentes? Esperamos también una respuesta a esto.

El secuestro de los ex legisladores de la UCR, Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Aabel Amaya, juntamente con la aparición de 30 cadáveres dinamitados en la localidad de Pilar, a pocos kilómetros de la sede del Gobierno Nacional, han sido los picos fundamentales de la escalada terrorista de los últimos años.

Pero hay otro que nunca ha tenido baja alguna, ni mucho menos aún, siquiera un apresado o detenido. Y no cabe duda que este terrorismo hace más daños al país que el otro, el definido y perseguido. Porque aquél –el que secuestra a los legisladores radicales, entre otras muchas personas-, es el que siembra la duda sobre la real acción de las Fuerzas Armadas y de Seguridad a favor del orden y la paz perturbadas.

Recientemente, el Episcopado Argentino se ha reunido, con la presencia del representante papal, para pedirle el esclarecimiento de los hechos que también han costado la vida de varios sacerdotes en Buenos Aires y La Rioja, y también para manifestar todos los hechos similares ocurridos en el país."



* Artículo redactado por Sergio días antes de ser asesinado, y publicado en el N° 2 de "La Causa".

miércoles, 23 de marzo de 2011

...y don Marcelo cruzó la planchada, grave el gesto, altiva su mirada y solemne todo él (Mario M. Guido)


De pronto, como a las 10, corrió una orden:”todo el mundo listo en diez minutos, para trasladarse al Golondrina”. La repetían los mozos de a bordo, y algunos comedidos. ¡Cómo! ¡Diez minutos! ¿qué es eso? ¿Estaban militarizados? ¿Nos manejaban como a tropa? Alvear, que iba o salía del baño, oyó eso o se lo dijeron; el caso es que lanzó una violenta y sonante protesta a base de unos carazos que hacían crepitar los pasillos. Lo cierto es que empezábamos a sentir el despotismo del lenguaje militar. El Golondrina se apareó al Artigas, nos acercamos todos a la planchada que se improvisó, y empezamos el trasbordo, valija en mano y por orden de llamada. Un oficial de la Armada, cantaba los nombres de una lista. Era el recibo de los “presos”. Amontonados en el avisito éramos 98; empezamos a vislumbrar el porvenir. ¡A la isla! Vieja conocida del radicalismo que albergó durante la dictadura a Yrigoyen, 18 meses; y a Alvear y Güemes, cuatro meses y medio. ¿Habría lugar para tantos, ahora? Entre conjeturas y preguntas, despegó el Golondrina y puso rumbo, dando una larga vuelta, al muellecito de acceso. Pasadas las doce, atracábamos. El señor jefe de la Isla, no está en el muelle. Decididamente, no nos ha considerado muy ilustres. Hay un teniente de navío, que dicen que es el 2º jefe. Un camión con marineros armados a máuser con bayoneta calada y dos camioncitos vacíos. Empieza otra vez la entrega y recibo de los “presos”; desde tierra nos llaman por lista. Parte el primer camión con quince, detrás el camión armado y por último el tercer camión con las valijas. Quedamos esperando largo rato, coligiendo que el alojamiento debía estar lejos de la costa. Alguien averiguó que en la noche habían llegado de Buenos Aires “comodidades” para ciento cincuenta y que toda la noche se había trabajado en la preparación de nuestro alojamiento. Todos nos preguntamos si a Alvear también lo conducirían en el crujiente camioncito. No podíamos admitir que se guardara tan poca distinción a un ex presidente. Pronto salimos de la duda. En la tercera tanda gritó el oficial: ¡Marcelo T. de Alvear!, y don Marcelo cruzó la planchada, grave el gesto, altiva su mirada y solemne todo él, como enfrentando la grosera humillación en silenciosa pero altanera protesta. Todos le aplaudimos hasta que llegó al camión. Y en silencio recogido, le vimos apoyar su bastón contra una tabla o banco, abordar con cierta dificultad el carromato, rechazando a los que, ya adentro, hacían ademán de ayudarle.



Mario M. Guido, extractado de su libro “Memorias (1935 - inédito). Trascripción Correligionario Merlo.

domingo, 27 de febrero de 2011

Tenemos que cubrir los pizarrones del país de buenos ejemplos (Raúl Ricardo Alfonsín)


Mañana miles de chicos en todo el país comenzarán a escribir en las hojas en blanco de sus nuevos cuadernos una página muy importante de la historia argentina: comienza un nuevo año lectivo en democracia; por las puertas de la escuela transitará una esperanza nueva.

Pero la responsabilidad no puede faltar a clase, y eso es tarea de todos.

Responsabilidad del alumno hecha para abogar por la causa de la paz y esfuerzo en el aprendizaje cotidiano; responsabilidad del maestro para que con la dedicación que todo el mundo le reconoce procure formar ciudadanos dispuestos a servir a la Nación; responsabilidad de los padres, para que colaboren con los maestros y a través de esa colaboración permitan que nos olvidemos todos de la desidia de ayer; y responsabilidad fundamental de los gobernantes, que nos hemos comprometido a hacer de la educación nacional el instrumento privilegiado para brindar la igualdad de oportunidades a nuestro pueblo. Tarea en la que hemos estado sin descansos desde el primer día de gobierno, porque no hemos querido tomarnos recreo, porque hemos pensado que tenemos que cubrir los pizarrones del país de buenos ejemplos.

Pensamos en aquellos chicos que mañana cambiarán la tibieza de la mano de mamá por la ternura de una mano de maestra con orgullo de tiza entre las uñas. Tal vez entre ellos haya alguno que comience la carrera hacia la presidencia de la Nación.

Pensamos también en quienes, más adelantados, terminan su bachillerato o su carrera universitaria, y aspiramos a que en este año que entra, en este año de la educación democrática, les entren ganas de salir a servir, de salir a recorrer el país para sembrar todo lo que han aprendido durante su carrera.

También mañana maestros y profesores tendrán la oportunidad de reavivar el fuego sagrado de su vocación.

Ellos saben, todos sabemos, que la educación, aún desde el punto de vista económico y social, no ha logrado el nivel de justicia que es indispensable para nuestro país.

Pero todos comprendemos que solamente a través de la educación, a través del esfuerzo que debemos realizar en el campo de la educación, es como vamos a servir realmente a la dignidad del hombre.

Queremos todos, maestros, profesores y el pueblo en general, el gobierno también, por supuesto, una educación insertada en un proyecto cultural auténticamente nacional que sirva a la igualdad y a la dignidad del hombre.

Cuando mañana se icen las banderas que anuncian el primer día de clase, estará en realidad flameando una certeza en la Argentina: la seguridad de que la educación será la protagonista fundamental de nuestro futuro, y a través de ella lograremos los cambios sociales que afiancen la justicia.

Procuremos todos trabajar y esforzarnos para pasar juntos de grado, para que la Argentina se reciba para siempre de República.

Mensaje del Sr. Presidente de la Nación Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, con motivo de la iniciación del primer ciclo lectivo en la Democracia recuperada, el día 11 de marzo de 1984. Trascripción de Correligionario Merlo del libro “Discursos Presidenciales” producido por la Secretaría de Información Pública, Dirección General de Difusión. Octubre de 1984.

sábado, 29 de enero de 2011

Illia, no sólo un médico rural, un investigador de primer orden (Agustín María Barletti)


Pocos conocían las investigaciones encaradas por Illia en el terreno de las afecciones endémicas. Si bien lo veían partir muchos sábados al alba portando una caja de madera plena de coloridos frascos y vidriosos tubos, casi nadie se había atrevido a interrogarlo, con excepción de Fermín, un chango vivaracho y con el pelo revuelto.

-¿A dónde va con tanto chirimbolo don?

- A pelearme con los bichitos malos que enferman a los chicos como vos.

El interés de Illia por este tipo de enfermedades se remontaba a sus tiempos de estudiante, cuando el amanecer lo sorprendía libro en mano devorando cuanto conocimiento se le presentaba sobre la materia, para cuyo fin había traspasado las acantonadas trincheras permitiéndose sospechar el inglés, como el francés, el alemán y el italiano. En Cruz del Eje pudo constatar hasta qué punto la realidad podía mofarse de las más depuradas teorías. Sucede que hasta allí, se creía que enfermedades como el paludismo eran endémicas de las zonas bajas, anegadizas, pantanosas y de grandes lluvias, mientras que en esa región, con un promedio de precipitaciones relativamente escaso y sin la presencia de pantanos, el mal se propagaba con extraordinaria facilidad.

Como primera medida y para saber exactamente en dónde estaba parado, había realizado junto al Consejo Provincial d Higiene un completo censo sanitario rastrillando toda la zona. En Pichanas encontró al 70 por ciento de la población atacada de tracoma, junto a la abundante presencia de gérmenes pertenecientes al Chagas (enfermedad desconocida hasta entonces en Córdoba); el dispensario de Cruz del Eje revelaba haber atendido 2000 casos de paludismo y una decena de fiebre de Malta, entre la ciudad y los circuitos de Media Naranja, Los Sauces y El Brete; y el Departamento de Minas también registraba casos endémicos de paludismo desde hacía muchísimos años, pero sin asumir la proporción extraordinaria de Cruz del Eje.

-¿Cómo es posible esto? –se preguntaba sin respiro.

Necesitaba saberlo cuanto antes. El mal tendía a propagarse como un reguero de pólvora y para aguijonear el destino, se había propuesto recordar de manera permanente el caso de la escuelita provincial de Pichanas con una asistencia diaria de 100 alumnos, 60 de los cuales estaban atacados de tracoma, enfermedad altamente contagiosa. Juramentó encallecer sus nudillos a fuerza de golpear cuanto despacho administrativo encontrara a su paso. Visitó hasta el hartazgo el escritorio del doctor Stucker, Consejero Provincial de Higiene. Pero a fuerza de plantones y amansadoras, comprendió que era un incomprendido y que debía develar por él mismo un acertijo que le carcomía los sesos.

-Como en todas partes, el mosquito anópheles nace en los pantanos –le decían los dueños de la verdad-.

-Están equivocados si se quedan en la antigua teoría de los pantanos -replicaba-

-Parece que el joven doctor quiere sentar nuevas teorías –le respondían con tono burlón-.

Para consolarse ante tanta sordera, recordó el día en que llegaron a sus manos las ponencias presentadas ante la Academia Brasileña de Ciencias en 1909 donde Carlos Ribeiro Justiniano das Chagas también había sido acusado de inventar una enfermedad endémica para elevar su propio prestigio.

El primer hombre que acarició su memoria fue el doctor Alois Bechman, autor de un libro que logró hurtarle el sueño en sus épocas de estudiante. Lo había rastreado como un sabueso husmeando por claustros y pasillos de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, hasta encontrarlo apoltronado en un sillón, durmiendo una siesta de muerte en la sala de profesores.

- Necesito la ayuda y la luz de su conocimiento –le dijo sin siquiera presentarse-.

- Espera, no se quién habla, ni de qué habla –respondió el catedrático apartando las redes de su ensueño-.

- Discúlpeme, tiene usted razón doctor Bechman, -reconoció, mientras su brazo extendido le acercaba un puñado de papeles celestes con las puntas ajadas de tanto entrar y salir del maletín-.

Los tomó y como una sorpresa que aniquiló los últimos vestigios de la modorra, depositó sus ojos en la primera foja: “Investigaciones referentes a las enfermedades endémicas en el Noroeste de la Provincia de Córdoba. Primeros resultados. Doctor Arturo Umberto Illia”.

- Con que esas tenemos jovencito, pero dígame, ¿qué lo impulsa a investigar este tipo de males en lugares secos y sin pantanos?

- ¿Usted también me ataca con este argumento? Pues sepa que investigo justamente porque se están difundiendo de forma notoria en lugares secos y sin pantanos. Necesito la ayuda y la luz de su conocimiento –repitió esta vez con un tono de súplica, mientras la vista de Bachean seguía paseando por el informe-.

- Dime, ¿en qué puedo ayudarte? –afirmó decidido-.

- Venga unos días a Cruz del Eje para ver sobre el terreno mismo este flagelo. Le digo más, parto en el tren de las nueve de la noche.

- Entiendo tu ansiosa sinceridad, pero la tiranía de mi agenda no me otorga tanta libertad.

- ¿Tal vez podría ser en el tren de la mañana?

- Tampoco –respondió con una sonrisa a flor de labios. Sacó una diminuta libreta negra de su saco e inició un acompasado vals con el balancear de las hojas hasta detener los acordes en el 15 de febrero de 1933-. Si en dos semanas exactas no estoy allí es porque la muerte sorprendió mis huesos.

- No diga eso doctor. Lo estaré esperando en la estación… -salvo que sea mi osamenta la sorprendida por la muerte, pensó-.

- Tres días estuvo el doctor Bachean acompañando a Illia en su peregrinaje de fe. Recorrió curvas y remansos del río; visitó enfermos y conoció cada rincón de cada uno de los dispensarios erigidos a fuerza de coraje y solidaridad.

- No me explico cómo con tan escasos recursos han podido hacer una campaña tan eficaz, -reconoció sorprendido-.

- No se olvide que contamos con la comunión de nuestro pueblo –explicó Illia-. Si hasta los enfermos ayudan.

- Deberías juntarte cuanto antes con tu alma gemela –agregó Bechman-, está en Jujuy luchando a brazo partido contra los mismos fantasmas. Es el doctor Salvador Maza, yo le escribiré contándole de tus investigaciones. Fue terminar de redondear la frase y encontrarse frente a hoja sobre lapicera.

- Tome doctor, escríbale ya mismo que si despachamos la carta desde Cruz del Eje habremos de ganar un tiempo precioso.

Y otra vez la sonrisa de Bachean cediendo ante las presiones de su inquieto y joven colega. Cuando dos meses más tarde estuvieron frente a frente, concedieron cabal peso la premonitoria sentencia de Bechman. Eran dos corazones que latían a un mismo ritmo, dos integridades tras un mismo sendero.

- Fíjese doctor, durante tres o cuatro años me hundí hasta el pescuezo buscando en las lagunas del Norte y llegué a la conclusión de que mis esfuerzos eran completamente ineficaces contra el paludismo. Estoy convencido de tener la solución frente a nuestras propias narices, está en los ríos jujeños los que por otra parte son similares al que veo frente a mí.

- ¿También son de lecho arenoso y con crecientes periódicas producidas por las lluvias, como éste de Cruz del Eje? Pues eso es fantástico para avanzar en nuestras investigaciones.

A partir de allí Mazza e Illia entendieron que ya no valía la pena dormir, ni comer, ni sentir. Sólo los movilizó el inconmensurable deseo de salir airosos de tan compleja encrucijada.

El ardor del verano cruzdelejeño ya no escaldaba sus cuerpos, el polvo arremolinado y furioso ya no atoraba sus pulmones, el sol del poniente ya no vaciaba sus ojos.

Edificaron piedra sobre piedra hasta que su construcción tomó la forma de un monolítico bloque de granito. Lo habían ratificado con la mayor de las certezas un día después del diluvio del 9 de julio, cuando el rugir del torrente celestial pareció sumarse al cumpleaños de la Patria.

Al dejar de llover habían comprobado sus sospechas: el río, a pesar de mantener un hilo plateado en el centro, conocía la formación de pequeños estancamientos de agua en sus partes más anchas. El mosquito anópheles, que proliferaba solamente en aguas limpias, tenía allí su morada.

Las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar. Con los estudios en mano, comprobaron que el paludismo siempre había comenzado en las casas cercanas al río para sembrar desde allí su negro terror.

- teníamos razón Arturo, no es en los pantanos, sino en todo el río que debemos combatir la enfermedad,

- Así es Alberto, la solución pasa por canalizarlo y evitar la formación de los fatídicos remansos.

La teoría no poseía la más mínima fisura. Sin embargo hubo que esperar hasta el año 1936 para comenzar en serio con la canalización. Fue en un debate parlamentario cuando la Cámara alta cordobesa decidió votar una partida de 3000 pesos mensuales para estos menesteres, a instancias de un proyecto presentado por un senador departamentos por Cruz del Eje, que curiosamente llevaba el nombre de Arturo Umberto Illia.



Extractado del la novela histórica “Salteadores Nocturnos” de Agustín María Barletti, febrero de 1998. Trascripción Correligionario Merlo.

miércoles, 26 de enero de 2011

"Lo de Tucumán" (Carta de Ángel Gerardo Pisarello al Presidente Arturo Illia)


San Miguel de Tucumán, mayo 25/1963

Doctor Arturo Illia

Hotel Savoy

Capital Federal

Estimado correligionario:

Omito, en homenaje a la brevedad los elementos económi­cos, sociales, políticos y culturales que integran o totalizar dicha es­tructura. Sobre todo por cuanto considero a Ud. advertido cabalmente sobre la composición de la misma. Sólo le señalo que en Tucumán los caracteres de los elementos que componen dicha estructura se advier­ten con mayor cuan dramática claridad; odiosa soberbia de quienes ejercitan, desde los años de la constitución, una autoridad o mando que se fundamenta, exclusivamente, en la explotación humana. Nuestros paisanos de Tucumán -en millares, más de ochocientos- expresan sus vidas en una desoladora y triste similitud con el débil cuanto rico tallo de la caña de azúcar. Ambos cultivados con la misma primitivez y ambos sustentando los pilares en que se asientan su autoridad y mando las expresiones parásitas de muy pocos que apenas se cuentan en singu­lares unidades.

No es extraño, en consecuencia, que los partidos políticos deban corresponder a aquella composición: esto es muy claro. Ha de ser consecuencia también que esos partidos políticos se expresen a travez de una autoridad o mano que se transfiere desde los esquemas de la organización general mientras sus afiliados -en registros lógicamente inexpresivos- sólo se utilizan para soportar las estructuras de los órga­nos que concuerden con quienes a su vez, se sirven de ellos para desa­rrollar y afianzar un sistema de vida injusto desde el punto de vista de la dignidad humana.

Por la razón que le apunto, en Tucumán los partidos políticos concluyen por ser "meras agrupaciones transitorias, sin consistencia en la opinión, sin principios ni propósitos de gobierno"; así, exactamente, como lo apreciaba Yrigoyen -en el orden general- allá por 1905.

El juicio respecto de los partidos políticos actuantes en Tucumán no excepciona a la Unión Cívica Radical. Por vía de esta afirmación es fácil comprender la razón de ser esta provincia el asiento del "concurrencismo" cuando nuestros padres, drenaban por su vena mayor el dolor -orgulloso dolor- de la cárcel donde pagaban el precio de la "abstención"; es fácil comprender -oteando historias contemporáneas ­como desde Tucumán electores, invocando la representación de la Unión Cívica Radical, daban sus votos en favor de la fórmula Justo-Matienzo; es fácil comprender de qué manera los gobiernos de la Unión Cívica Radical resultan progresistas en medida mayor cuando mayor fue su auspicio favoreciendo a los intereses de la mentalidad esclavista de los dueños (no digo propietarios ya que ello equivaldría al ejercicio de un derecho legitimo) de las fábricas azucareras; es fácil comprender el drama de Juan Bautista Bascary o la tragedia de Octaviano Vera; es fácil comprender por qué razón en Tucumán se “lauda” sobre el resul­tado de cualquier problema sometido a la elección, sobre todo cuando el resultado corresponde a las mayorías. En síntesis, vigencia de la injusticia y la arbitrariedad; pero además, de lo absurdo... desde el punto de vista radical, al menos.

Oponerse al sistema da idea cabal de sacrificios supremos. Quie­nes lo intentan conocen de antemano su destino corto por lo personal. Es decir que deben ser hombres -cuánto menos- abroquelados en ideas cuya claridad no admita dudas. Víctimas explatorias, sirviendo al des­tino infinito del Pueblo donde se computa el del paisano, de sus hijos, de los nietos... infinitamente.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, aún conociendo mi des­tino personal, emprendí la tarea con la más absoluta y firme convic­ción. Al final no hacía sino recoger viejas banderas; sólo necesitaba asta. Cuando lo recuerdo, no pretendo hacerme depositario de las ban­deras; en todo caso, me basta con haber sido hasta necesario -por ello útil- nutrida la materia que la compone con ideas que aún bailan al compás de emociones comunes, primarias de aquellas que se alimentan con una larga lágrima que sorbida restituye el evangelio redimido del pecado -si se cometió- y por ello mucho más puras.

No es tarea que resulta personal. Muchos miles -de aquellos que en Millares suman más de ochocientos- sirvieron a la intención. Gene­rarnos el asiento o punto de partida. Pero se advirtió la presencia de elementos que, finalmente, irían a poner en peligro la organización estructural que sostiene la injusticia, la igualdad negada e incluso la esclavitud como sistema. Y lejos de enfrentársenos -lo habría sido, por supuesto, la negación de su historia- acometieron el abordaje.

Recién hoy puedo afirmar categóricamente: aceptar su compa­ñía en la Unión Cívica Radical fue nuestra derrota. Minoritarios, es decir, frutos naturales del sistema del que provenian, o no, dieron validez a las expresiones mayoritarias del voto en los comicios internos, o simplemente, negaron valor o trascendencia a las convocatorias que decidieran, por mayoría, quiénes debían gobernar poniendo el esfuerzo sin par en la tarea de demostrar la "ineficacia" del sistema, ya que -en todo caso- se trataba de elegir hombres para el ejercicio de los cargos. Para ello, parecían radicales -sin serlo- cuidando muy bien de "mostrar" sus ideas... Al contrario, se confundían con las nuestras.

Desde lejos -es distancia ponderable la de casi 1.500 kilóme­tros- "lo de Tucumán" es una lucha de predominio personal donde se utilizan armas que "desjerarquizan nuestra condición radical". Desde lejos, NADIE intentó siquiera poner sus oídos junto a la tierra para escuchar los mensajes que podían expresarse de otra manera -lo que en alguna medida se hizo- a través de larguísimas peregrinaciones en "que los tucumanos llegaban, otra vez, con sus problemas personales".

Aliados del tiempo y la distancia, tomaron asientos en lugares predominantes de la dirección partidaria aquellos de la "concurren­cia", partidarios de Justo, o "laudistas" y aunque de tiempos no iguales, herederos de aquellos a quien Yrigoyen había señalado como "res­ponsables de las mas punibles irregularidades políticas".

Se nos manda "arreglar" con ellos. Y lo hacemos –asumiendo la responsabilidad que nos corresponde- porque las desgracias de la República no admiten el diálogo esclarecedor, o quizás, porque alienta nuestra esperanza de ser protagonistas del cierre de un proceso que no resiste ya examen... y que al cerrarse hace posible que nuevos hombres recojan las banderas que recogimos nosotros hace 20 años -y sobre la experiencia dolorosa de nuestras frustraciones- comiencen cavando los cimientos de una nueva -o vieja- construcción en cumplimiento de los enunciados del evangelio partidario de cuyo catecismo Yrigoyen y don Amadeo hicieron su libro mayor.

De allí -del libro mayor- extraigo: "Desviar el rumbo a mitad del camino, importa en todo momento renuncia a ideales que el patrio­tismo ha inspirado y malgastar las fuerzas que a su sombra se abrigaron; el poder, a pesar de ser uno de los medios más eficaces para hacer práctico un programa, no es el fin a que se puede asociar un partido de principios, ni el único resorte que pueda manejarse para influir directa­mente en los destinos del país".Cuanto transcribo lo aprendí de Yrigoyen: "Encarrilar dos opi­niones políticas que han revelado diversa tendencia es una transgresión a su fe política y no sólo ello sino neutralizar dos fuerzas que se rechazan, acercar elementos para-producir entre ellos la anarquia, esterilizar sus iniciativas y lo que es más grave, extraviando el criterio publico: se corre el riesgo de que el partido Radical se descalifique para siem­pre ante la opinión". La verdad es que, en cuanto a nosotros -en Tucumán­, "no nos hemos congregado con este. fin, ni ha sido ésa nuestra mi­sión".

Finalmente, una "reserva de derechos" sin conocerse los funda­mentos en que sustenta habría sido poco seria. Ello exigía mis puntos de vista hechos públicos. Nos allanamos a servir un proceso electoral y nada más; no hay en esto transacciones porque el precio con que se nos premia lo constituyen dos valores absolutos: uno, el cabal conoci­miento del hecho y sus consecuencias que los medimos con la Nación malherida a la vista; y el otro, la cordialidad y el afecto con que los radicales alimentamos vigorosamente saludable compañía de gente amiga que, nos convoca.

Afectuosamente, su amigo

Angel Pisarello

martes, 25 de enero de 2011

Caíste, Hipólito Yrigoyen, en 1930… (Roberto Bosch)


Hipólito Yrigoyen:

A los manes de tu sombra augusta, al pie de este santuario de la democracia argentina, pido la inspiración necesaria para rendir, con mi modesta palabra, el justo homenaje a tu memoria, en nombre de la tendencia auténtica del radicalismo del país, representado por “Cruzada Renovadora”, con cuya jefatura me honro, asumo a la vez, toda la responsabilidad de mis expresiones ante el país, las instituciones y las personas.

Soñador avanzado de una generación argentina, fuiste el apóstol de una convicción latente en el espíritu nacional, a la que después de larga y dura brega, supiste convertir en una realidad democrática por legítimo imperio de la “libre y espontánea de la libertad del pueblo”, siempre sojuzgada por la arbitrariedad de las tiránicas oligarquías nativas al servicio del interés extraño.

Esta conquista –que fue tuya Hipólito Yrigoyen- pese a quien pese y cueste lo que cueste, no podrá ya ser renunciada jamás por esta generación ni por las venideras, porque es radical del propósito de Mayo y es herencia popular, tan gloriosa, que renunciarla sería condenar lo más caro de nuestra ejecutoria patria: la esencia de nuestra Historia.

Y estad seguros, argentinos, sin distinción de colores, que por ella habremos de llegar a todos los extremos des su defensa, porque si así no fuese, habríamos perdido el derecho de ser los herederos del valiente pueblo de 1810, cuyo venero guardamos con el religioso orgullo de mantener inmarcesibles los “eternos laureles” de nuestro canto nacional.

Fue esa realidad democrática que realizaste en 1916, la primera en nuestra historia constitucional, porque por primera vez el pueblo consiguió plebiscitar su mandatario, y honró en apoteosis memorable, al símbolo que fuiste –Hipólito Yrigoyen- que vino a restaurar el genio de mayo, abolido por las oligarquías imperantes, afirmación que hago sin posible rectificación.

Más: quiero dejar constancia también, con profundo dolor argentino, que fue la última, pues, si desde Rivadavia hasta Sáenz Peña, las oligarquías hicieron tabla rasa con el principio de la soberanía popular, -salvando el fecundo interregno democrático de que fuiste gestor- desde el nefasto 6 de septiembre hasta la fecha, esta tendencia arbitraria y traidora, recrudeció, como la fatalidad histórica de una desgracia, con los signos más repugnantes del fraude, la coacción, el soborno y la venalidad.

Así fue como tu anheloso empeño, de constituir una nación libre, en base a su idiosincrasia, -sin imposiciones foráneas y a impulso del propio genio nacional; y para que el progreso y la grandeza patrios no crecieran fuera de sus hormas- se truncó; pero no tus inspiraciones, que han quedado como fundamento de las fuerzas morales de la Nación en marcha hacia su reconquista: antorcha luminosa de nuestro ineluctable destino. Por eso, enhestando tu democrática figura, que tremola en el corazón de las masas como un lábaro de reivindicaciones, repetimos tus palabras: “entre los factores que contribuyan al perfeccionamiento de las sociedades, debe figurar la grandeza de los fines que se propongan, para que la imaginación pública se vea siempre alentada por nobles esperanzas hacia perdurables soluciones”, preceptos que nuestra “Cruzada” coloca en las bases doctrinarias de su lucha, a ultranza, por la soberanía integral, económica y política de la República, tan maltrecha por los últimos acontecimientos.

Caíste, Hipólito Yrigoyen, en 1930…

¿Por qué te dieron ese golpe traidor las oligarquías reaccionarias?

Oiga el pueblo argentino la respuesta:

Porque dijiste: “mientras dure mi gobierno no se enajenará ni un adarme de la riqueza pública, ni se cederá un ápice del dominio absoluto del Estado sobre ella”; y porque también dijiste: “la riqueza de la tierra, como la del subsuelo mineral de la República, no puede ni debe ser objeto de otras explotaciones que las de la Nación misma”… Y cuando te disponías a la obra, queriendo librar de las garras del pulpo nuestra riqueza petrolera, te asestaron el golpe alevoso que revocó esa primera realidad, democrática de 1916, que conquistaste después de 30 años de rudo batallar.

Largo y fragoso camino recorriste en tu vida de apóstol, entre vicisitudes y sobresaltos a brazo partido contra las oligarquías. Tu abnegada existencia, tu invariable tesón, y tu entraña radical, fueron inmolados con tu cuerpo hecho mártir; pero ten seguro que como el sacrificio hace al Santo, su ensañamiento sobre tu augusta ancianidad, despertó en los arcángeles de la democracia inmanente, el justo celo de las reivindicaciones, que será el azote para los herejes que te maltrataron y para los iscariotes que te vendieron.

Recogiendo tu mandato seremos los “cruzados”, “radicales en todo y hasta el fin”, así hubiera que “empezar de nuevo” tu obra malograda, por los que, encargados de realizarla, contribuyeron a su destrucción, traicionándola.

Palabras sacramentales de tu consejo:

“Intransigencia, abstención, revolución”…

Son sentimientos latentes en el espíritu nacional, como el “sine qua non” de la sinceridad cívica hacía la solución de la libertad integral.

Seguimos oyéndote:

“Las revoluciones están en la ley moral de las sociedades y no es dado crearlas ni posible detenerlas, sino mediante reparaciones tan amplias como intensas sean las causas que las engendran”.

Mientras que los líderes políticos no cuenten con la anuencia de las masas, jamás tendrán la posibilidad de realizar amplias reparaciones; y menos revoluciones; sólo fraguarán simples asonadas intrascendentes. Mientras las masas no sean tenidas en cuenta para elegir sus gobernantes, ellas no tendrán en cuenta éstos; y, hasta su explosión reivindicadota, permanecerán en la abstención, porque ésta “no es un recurso de política militante, sino, suprema protesta, recogimiento absoluto, total alejamiento de los poderes oficiales, para dejar bien establecido, en el presente y en la historia, que la Nación no tuvo ejercicio de su soberanía”.

La Patria no es un objeto sino un sujeto colectivo, desde que no son las cosas sino el hombre, lo que anima y ennoblece. Ella, sus ciudadanos, por dictamen de su dignidad, no acepta que le usurpen su representación con allanamiento de sus atributos; la democracia es un derecho inalienable de la dignidad popular.

Esta sagrada verdad hace inútil el empeño de hacer creer al pueblo que se le puede “representar” sin su voluntad y hace fracasar a todos los seres de aberración cívica en sus pretensiones de que se les acepte de grado. Resulta sí indigno que se califique de “morbosa inquietud” el sagrado anhelo revolucionario, de los argentinos que sueñan –y han de realizar- una patria libre y luchan contra todos los usurpadores de la soberanía popular.

A estos hijos bastardos de mayo les decimos: que el morbo solo existe en sus ridículas pretensiones, que los lleva hasta a olvidar una orden de San Martín: “no reconocerás jamás, como a gobiernos legítimos de la Patria a aquellos que no hayan sido elegidos por la libre y espontánea voluntad de los pueblos”, incurriendo en el anatema de los “infames traidores de la Patria”, con que fulmina el artículo29 de nuestra Constitución Nacional, a los que se arroguen la suma del poder público, poniendo a su merced “la vida, el honor o las fortunas de los argentinos”.

Felizmente, el pueblo conoce y comprende cuales son sus verdades cardinales. Y no ha de llegar a asentir jamás, la existencia de nada ni de nadie, que le usurpe sus derechos; de lo contrario “habría sancionado la más horrible fatalidad el crimen triunfante” y “habría dejado pendiente la histórica condenación para que, tarde o temprano, se vuelva a reproducir”. No. Nuestro pueblo es inteligente, noble, digno, rebelde y soberano. Es solo la impotencia de su organización cívica, lo que le hace comulgar con la arbitrariedad de las usurpaciones, que no tienen nunca en cuenta, para nada, el principio de la “soberanía popular, que es la libertad de la Patria”.

Insigne maestro de la democracia y el santo amor del pueblo: hemos venido a interrumpir tu tranquilo sueño para ofrendar este homenaje al exponente más alto de nuestra democracia realizada en el período constitucional; al más grande de los presidentes argentinos, porque fuiste el único ungido por la voluntad de tus ciudadanos; y al paladín esforzado de la emancipación del continente…

Tu cuerpo es, aunque inerte, la bandera reivindicadota de la argentinidad, y día llegará en que como un simbólico estandarte, podamos llevar el ataúd que guarda tus restos, para colocarlo junto al sillón presidencial, cubierto por las insignias que te arrebataron aquél día nefasto para la Patria, para que desde allí pasen a las manos de un presidente plebiscitado como tú “por la libre y espontánea voluntad del pueblo”.

Yrigoyen:

Te dejamos estas flores. Sus colores son la expresión del vivo fervor de nuestro sentimiento patriótico; su fragancia, la expansión del aliento que nos anima en la lucha; y su frescura el recuerdo constante de tu simbólica figura democrática, encarnada en el más grande de los mandatarios argentinos.

He dicho.


Como entiende “Cruzada Renovadora” al intérprete del Radicalismo auténtico a través de la palabra de su jefe: Roberto Bosch. Discurso pronunciado en la Recoleta el 3 de julio de 1943 con motivo del Homenaje realizado en el décimo aniversario de la muerte de Hipólito Yrigoyen. Extractado del libro “Cruzada Renovadora de la U.C.R. es historia porque pudo haber triunfado” de Renzo R. Breglia, 1999. Trascripción Correligionario Merlo.

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